Xavier Carbonell (Camajuaní, Villa Clara) acaba de cumplir 27 años, pero parece haber vivido varias vidas. Siendo estudiante de cuarto año de filología en la Universidad Marta Abreu de Las Villas – »cuna de revolucionarios de calidad », ironiza, refiriéndose al alma mater del mandatario Miguel Díaz-Canel–, escribió El fin del juego, que mantuvo en un cajón durante varios años.
Cuando ya había viajado a la India y a Ecuador gracias a su trabajo en Signis, una asociación de comunicadores católicos cuya delegación en la Isla llegó a presidir, se decidió a mandar el manuscrito al Premio Italo Calvino, que otorga la Unión de de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) con la cooperación de la Embajada de Italia.

